S518-200
Don Elias se levantó sin hacer ruido apretó el mango de su linterna apagada. Sabia que la luz era un faro que no debe ser visto por todo. Se quedó inmovil junto al viejo cerco de piedra conteniendo el aliento, Fue entonces cuando un sonido estraño rasgó la penumbra !Crack! Era el chasquido de una rama seca quebrandose bajo un peso que no pertenecia a nadie de este mundo, era un sonido que resonó en todos los lideros del bosque .
No era el paso erratico de un animal dijo, pocas veces habia escuchado ese crujido, con la diferencia de que esa noche era mas pausado, mas ritmico, casi burlon si se quiere, El viejo rogaba de rodilla para que el viento no llevara su aroma hacia el centro del monte. Pero el viento ya no soplaba.
Comprendió que la veda para cazar se habia abierto, y de esa oscuridad espesa donde los arboles parecian estirarse como garras hacia el cielo venian unos gritos escalofriantes. Fue en ese momento que Elias entendió que la jeralquia de la tierra habia cambiado.
Los hombres ya no eran los dueños del monte dijo . Esa era, finalmente, la noche que los demonios salian de caceria.
Don Elias era el único que escuchaba esos gritos y el latido de la tierra.
A unos cuantos metros, cerca del viejo granero de donde emanaba un olor a alfalfa seca y a olvido, Julian maldijo entre diente.
El no creia en demonios, pero el peso del aire le estaba doblando la voluntad. Llevaba su escopeta al hombro, convencido que algun cuatrero andaba merodiando por el corral.
__! Sal de ahi hijueputa sino quieres que te parta en mil pedazos__gritó Julian, pero su voz, usualmente firme. se quebró al final como una rama seca.
La respuesta no fue de una voz humana, sino un susurro que parecia venir de todas direcciones a la vez. En ese instante una figura menuda emergió de entre los matorrales, corriendo desesperada hacia el granero. Era Lucia. Tenia los ojos desorbitados y el vestido rasgado por las espinas del monte.__!No dispare!– abuelo suplicó la mujer cayendo de rodillas frente a él.
__! No estan buscando como a puercos cimarrones, Julian… nos estan contando.
En ese instante el que parecia ser el mandamás de los demonio dió unos pasos fuera de la negrura del bosque y entró en el cirdulo de luz amarillenta de la bombilla. El tiempo parece deternerse Elias. No camina, se desplaza con una elegancia enfermiza. La figura era ecesivamente alta, similar a un árbol que ha crecido torcido por falta de sol. Sus extremidades son demasiado largas para el tamaño de su torso, sus dedos terminan en puntas y se asemejan a estacas de madera quemada. Todos vieron cuando el ser estiró su cuello con un crujiido seco, pero el sonido no emergió de su garganta, sino de ese suelo colorado donde una vez la tierra parió la mejor cosecha.
–«Elias…» siseo al ver el ser de ultratumba. Su voz era un coro de susurros superpuesto, como si miles de hojas secas hablaran a la vez.
__»Has contados…los inviernos Elias…pero olvidaste…pagar… las primaveras. Don Elias dió un paso hacia atras, su bastón temblaba contra la tierra. Julian intentó levantar la escopeta, pero el sonido de la voz de aquel demonio era tan pesado que sentia que sus brazos eran de plomo.
__»No venimos … por la carnes…» continuo la criatura, al tiempo que ladeaba la cabeza hasta que sus vertebras volvieron a emitir ese chasquido aterrador–
«Venimos por la sombra que nos deben … desde la primera siembra,,,» Luego la extraña criatura extendió una mano cuyas uñas parecian raices carbonizadas.
__La noche… es corta y la cuenta es larga..»Julian y Lucia intentan huir, pero se dan cuenta de que los demonios no le quitan la mirada de encima… «solo lo pastorean» hacia Don Elias como si el viejo fuera el centro del circulo.
Durante toda la caseria, Don Elias debe manterse en un silencio sepulcral, con una mirada que mezcla la culpa y la aceptación de un hecho.
Cuando el demonio principal se detiene frente a ellos, justo antes de que el sol amanezca( o de que la oscuridad se los trague por completo), los dos nietos le suplican a Don Elias que haga algo, que rece, que use su sabiduria.
Elias dijo unas palabras y se santiaguo la cara tres veces, de repente los demonios se detuvieron. Sus ojos amarillentos no miraban la escopeta de Julián ni el llanto de Lucia.
Solo Miraban las manos nudosa de Don Elias.
Don Elias dejó caer su bastón.
__Dile que se vayan, abuelo… diles que nos dejen—susurró Lucia.
El sonido de la madera contra la tierra fue el ultimo crujido de la noche. Miró a la criatura, no como a un monstruo, mas bien como a un viejo acreedor.
__No se van a ir— dijo el viejo– con una voz que parecia un lamento–. Porque ellos no estan aqui para cazarnos a nosotros. Vinieron a exigirme que yo cumpla con mi parte.
Y entonces, antes el rostro horrorizado de los muchachos, Don Elias empezó a contar la verdad, una verdad que enterró hace mas de cinco decadas entre esa tierra barrosa debajo del roble mas alto del fundo.
El ser epelusnante extendió la mano de corteza y un susurro gelido inundo el granero.:– «Es hora…»Lucia y Julian retrocedieon, pero Don Elias permeneció firme, impoluto, anunque sus ojos estaban adnegados en lagrimas antiguas.
El viejo miró a los jovenes y luego a la criatura.
__Perdonenme muchachos__ dijo con un hilo de voz__. Hace cincuenta años, la sequia mataba el ganado y al hambre nos mordia las entrañas, yo vine a este mismo monte. Era muy joven y no queria ver morir a mi gente.
Les Pedí a ellos una cosecha que nunca terminara, una prosperidad que levantara este pueblo de la tierra muerta.
Julian bajo la escopeta, confundido. el ser de ultratuma ladeo la cabeza, emitiendo ese sonido constante de madera seca.
__Ellos me dieron el agua y el grano–continuo Don Elias, su voz rompiendose–. Pero el pacto no era con dinero. Me dijeron que el dia que el último de lo que vio aquella sequia estuviera por cerrar los ojos, ellos volveria a cobrar los intereses. No venian por el pueblo… venian por el precio que yo puse para salvarlo.
Don Elias dio un paso hacia la oscuridad, fuera del circulo de luz, el demonio envolvio el hombro del viejo con sus dedos de raiz.
__La caseria ha terminado__ susurró el viejo antes de desaparecer entre la sonbra del monte___,Porque el cazador siempre fue el dueño de la presa dijo, solo que yo me olvide de que me habian comprado hace mucho tiempo.
Al amanecer, el campo estaba en un silencio absoluto, Julian y Lucia estaban solos en el granero. No habia huellas, no habia rastro de lucha. Solo quedaba el baston bajo el viejo roble, el bastón de Don Elias, roto exctamente por la mitad, como una rama que acaba de crujir bajo el peso de un ser del mas allá
Al salir no solo el bastón estaba roto. A pesar de hacer un invierno descomunal, el campo alrededor del roble habia estallado en flores negras y un trigo dorado y pesado que nunca deberia estar ahi..
La cosecha de Don Elias habia llegado al final, cumpliendo el pacto hasta el final, pagada con la unica moneda que los demonios aceptan»
