REPUBLICA DOMINICANA.-En cada rincón del Suroeste —desde los caseríos polvorientos de Bahoruco hasta las lomas altas de Independencia, pasando por la franja costera de Barahona y los campos de Pedernales— hay un testimonio de que lo nombra, una capilla que conserva su huella, un feligrés que aún agradece su cercanía.
