El 10 de diciembre, Estados Unidos confiscó el petrolero Skipper y su cargamento. Días después, se informó la incautación de otro buque y la persecución de una segunda embarcación, sin que se difundieran detalles sobre el desenlace del operativo. Caracas calificó estas acciones como un “robo y secuestro” de buques privados y denunció una escalada de presión militar y económica.
Mientras tanto, en Puerto Rico, los ejercicios continuaron. Los despegues se sucedieron uno tras otro y los helicópteros volvieron a tomar tierra, en una demostración operativa que reflejó el aumento de la presencia militar estadounidense en un escenario regional cada vez más tensionado.
