Con la llegada de Kevin Warsh como presidente de la Reserva Federal a petición del presidente Donald Trump, el desplome ha sido inminente. Comenzó el pasado viernes 30 de enero con el fortalecimiento del dólar y el impulso de un ajuste generalizado en las posiciones apalancadas sobre los metales preciosos.
A estos factores se le suma un desarme masivo de posiciones especulativas desde fondos cotizados y derivados. En consecuencia, el oro retrocedió casi un 11% en dos días y la plata se encuentra en su punto más bajo, con un 25,7%. Algunos analistas hacen un llamamiento a la clama y sostienen que, a pesar del retroceso que sufren el oro y la plata en la actualidad, los fundamentos estructurales del mercado no cambian de forma sustancial.
Michael Hsueh, analista de Deutsche Banck, explica que “las condiciones no parecen preparadas para una reversión sostenida en los precios del oro”. Sus palabras vienen acompañadas de la evidente caída del precio del oro, el cual se situaba en los 5.375,24 dólares estadounidenses, unos 4.552,09 euros, el pasado jueves y ahora arranca la semana sobre los 4.789,11 dólares, aproximadamente 4.054,84 euros.
Dependen más de los tenedores
El segundo semestre de 2026 vendrá marcado por un entorno pesimista, según observa el Citi Research. El equipo financiado por Citigroup, en su análisis más reciente, asegura que espera “que el precio del oro se mantenga respaldado en el corto plazo por los riesgos geopolíticos y económicos aún elevados”. No obstante, se muestra cauteloso a la hora de hablar sobre la segunda mitad del año de acuerdo a una futura posible reducción de tensiones internacionales y un entorno económicos estadounidense del que se espera signos de estabilización.
El enfoque del banco parte de una relación directa entre la asignación de capital global al oro y la oferta física disponible. El comportamiento del oro no puede ir siempre ligado a los fundamentos básicos del mercado de materias primas. Por ese motivo, Citi afirma que su precio actual es el reflejo de un significativo aumento de la demandan bruta, cercana a 1 billón de dólares estadounidenses. Una demanda difícil de sostener si se reducen los inventivos de cobertura o el apetito especulativo.
