Este martes, 47 días después de la última vez y tres semanas antes de las elecciones de mitad de mandato, la Casa Blanca retomó la costumbre de las conferencias de prensa a cargo de su portavoz, puesto vacante desde la renuncia de Karoline Leavitt a finales de agosto. Katie Zacharia se estrenó con una brevísima comparecencia, en la que admitió solo tres preguntas, y con un estilo que se quedó corto al compararlo con el aplomo, la locuacidad y la dureza con la que una jovencísima Leavitt se hizo un nombre defendiendo las políticas de su jefe, el presidente Donald Trump, a base de mentiras cuando hizo falta.
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Tal vez por honrar esa tradición, Zacharia, a la que se vio falta de soltura pero sobrada de lealtad a Trump (al que en un lapsus llegó a confundir con su marido), empezó con una falsedad y terminó con una noticia.
La noticia es que la Casa Blanca ha pedido “que dimita” a la embajadora ante Grecia, Kimberly Guilfoyle, ex prometida del primogénito de Trump, acosada por las sospechas de corrupción desveladas por una investigación de The Wall Street Journal. La portavoz no dio más detalles sobre un escándalo que incluye la petición por parte de Guilfoyle a un donante republicano de 100.000 dólares para tapar la deuda de una tarjeta de crédito a tiempo para que esta no empañara la audiencia de su confirmación en el Senado. A cambio, prometió favores políticos.
